Recibir una carta de despido nunca resulta fácil, y lo primero que aparecen son las dudas: si el despido está justificado, cuánto se debe cobrar y, sobre todo, cuánto tiempo hay para reaccionar.
En Oviedo, el plazo para impugnar un despido es de 20 días hábiles desde la comunicación del cese. Corre más rápido de lo que se piensa, porque no cuentan los fines de semana ni los días festivos, pero no admite prórroga. Dejarlo pasar significa que la reclamación ya no sea posible.
La calificación aquí puede ser de procedente, improcedente o nulo. La diferencia no es menor: mientras el despido improcedente da derecho a indemnización o readmisión, a elección de la empresa, el nulo supone la readmisión obligatoria con abono de los salarios de tramitación. Las situaciones de despido nulo suelen darse en supuestos de embarazo, reducción de jornada o vulneración de derechos fundamentales.
Antes de dar el asunto por cerrado, conviene que un profesional analice la comunicación: los motivos invocados, la fecha de efectos, los conceptos del finiquito y si se han respetado los trámites. Buena parte de los despidos se declaran improcedentes precisamente por errores en la carta o en el procedimiento.
Acudir a un especialista en derecho laboral cuanto antes permite no quemar plazos ni firmar documentos perjudiciales. Aceptar la liquidación sin salvedades puede complicar mucho una reclamación futura.